LA CRISIS POLITICA DE MÉXICO.
GARCIA VILLORDO DANIELA
GRUPO: 431
PROFA. SUSANA HUERTA G.
CCH AZCAPOTZALCO
Tras 12 años de ausencia y dos malas administraciones panistas, el PRI regresó a la presidencia el de diciembre del 2012. El partido que durante 70 años se encargó de socavar el voto popular, que hizo de la democracia una simulación, que creó todo un catálogo de fraudes electorales y violentó todos los derechos políticos regresó purificado con las aguas de la democracia y el voto popular.
Resulta absurdo pensar que el triunfo del actual presidente obedeció solo a Televisa, a unas encuestas modificadas o a la compra de votos; la mayoría de los sufragios obtenidos por el PRI provenían de su “voto duro”. Además, la guerra contra el narcotráfico desatado por el régimen panista y la incapacidad para ganarla, llevó a un sector conservador de la sociedad a pensar que el PRI era una alternativa.
Enrique Peña Nieto protestó como presidente constitucional en San Lázaro, pasadas las 11 de la mañana. Algunas consignas nada sutiles se dejaron escuchar durante la ceremonia: “Asesino”, “Asesino”, nada más nadie supo a quién iban dirigidas estas palabras si a Calderón por la guerra contra el narco o a Peña por la represión del 2016.
Los diputados perredistas y petistas desplegaron una pancarta que decía: “Imposición consumada, México de luto”, otros carteles señalaban “Estado fallido con Calderón, Estado vendido con su sucesor” y “candidato de telenovela”.
En San Lázaro todo había quedado en gritos y pancartas, en el perímetro del recinto y en el Centro Histórico las fuerzas del orden libraron una batalla campal contra varios grupos de manifestantes anti-peñistas.
En Avenida Juárez los manifestantes rompieron cristales, irrumpieron y saquearon tiendas de autoservicio, dañaron cajeros automáticos, escribieron sobre los muros viejas y trasnochadas frases marxistas como: “La liberación económica es la base de toda libertad” y “Viva san Marx”; pintarrajearon fachadas y causaron múltiples destrozos. Los cuerpos de seguridad respondieron con gases lacrimógenos, macanazos, golpes y todo tipo de recursos para poder controlar y someter a los manifestantes, que se comportaron con una violencia inusitada. 
Las violentas protestas del día anterior no nublaron el ánimo del nuevo presidente; tampoco las notas de los periódicos que relataron los hechos con todo detalle, o que comenzaran a decir que su régimen era represor. Peña Nieto tenía un as bajo la manga que atrajo todos los reflectores. El 2 de diciembre el presidente de la República y los líderes de los principales partidos políticos, Jesús Zambrano (PRD), Gustavo Madero (PAN) y Cristina Díaz (PRI), se reunieron en el Castillo de Chapultepec para firmar lo que fue conocido como el Pacto por México.
A 21 días de su toma de posesión, el presidente cortó orejas y rabo. El Congreso le aprobó la reforma educativa que significó un golpe brutal a los cacicazgos magisteriales pues se estableció que los maestros serían evaluados para ingresar y ascender en el Sistema Educativo Nacional. Desde luego, el gremio se rasgó las vestiduras y no se quedó cruzado de brazos. Su lideresa, la polémica Elba Esther Gordillo, se manifestó en contra y llamó a los maestros a resistir. El 25 de febrero de 2013 Peña Nieto promulgó la reforma educativa. Al día siguiente fue publicada en el Diario Oficial de la Federación y por una conveniente coincidencia, en esa misma fecha Elba Esther Gordillo.
López Obrador criticó severamente a su partido ya que a su juicio le bacía el caldo gordo a un presidente que no estaba dispuesto a reconocer porque seguía insistiendo que era producto del fraude. 
En agosto de 2013 Peña Nieto presentó una iniciativa de ley para modificar los artículos 27 y 28 de la Constitución; con lo que se daba el banderazo de salida para la discusión de la reforma energética. El 9 de septiembre de 2013 Andrés Manuel anunció su separación definitiva del PRD y de los partidos que lo apoyaron en la elección presidencial del año anterior y se llevó su Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) para darle una estructura, una base política, y el 9 de julio de 2014 el Instituto Nacional Electoral le entregó su registro como partido político.
El 11 de diciembre comenzó la discusión de la reforma energética, llamada “la madre de todas las reformas”. Las discusiones fueron muy ríspidas; hubo toma de tribuna; golpes y gritos; por momentos la ideología se filtró en las posturas; Lázaro Cárdenas resucitó de entre los muertos y se anduvo paseando entre las curules del salón de sesiones. A pesar de todo, la reforma se aprobó y el 19 de diciembre el presidente la promulgó.
Había una intensa crítica permanente al gobierno; en las redes sociales se vivía una realidad diferente en la que el país se hundía por la violencia, Peña Nieto era el responsable de la debacle nacional, sus reformas eran un cheque en blanco a oscuros intereses, había entregado los recursos naturales a los extranjeros, y no podía faltar el hecho de que la mafia en el poder era dueña del país.
La discusión de las leyes secundarias de la reforma energética fueron aprobadas por el PRI y el PAN pero el costo fue alto: el Pacto por México llegó a su fin. El presidente entonces pecó de soberbia y desestimó otros grandes problemas nacionales. Por entonces nadie imaginó que un mes después su régimen se vendría abajo.
El regreso del PRI a Los Pinos dejó en claro que durante los 12 años que estuvieron alejados de la presidencia no aprendieron nada. Pensaron que volvían al México que gobernaron durante la mayor parte del siglo XX; que el sistema político construido por ellos eguía siendo funcional; que los factores de poder eran los mismos; que las estructuras políticas no necesitaban ser renovadas.
El PRI nunca entendió las derrotas de 2000 y de 2006 como parte de un largo proceso democrático impulsado por una ciudadanía cada vez más crítica, participativa y exigente, sino como resultado de sus propios conflictos internos. Por eso, por la ausencia de autocrítica, cuando el PRI regresó a Los Pinos no pudo ver que el sistema, su propio sistema, estaba quebrado; no gracias a los regímenes anteriores.
El priismo fue muy crítico con la estrategia del gobierno calderonista —también se refirieron a “la guerra de Calderón” y a “los muertos de Calderón”. Sin embargo, al asumir el poder continuaron exactamente con la misma estrategia: el ejército y la armada en las calles ante la corrupción de las policías estatales y municipales. Ya era también “la guerra de Peña Nieto”. Solo en su primer año de gobierno se registraron 18,432 asesinatos, los primeros “muertos de Peña Nieto”.
El 24 de febrero de 2013, en el municipio de Buenavista, cerca de ochenta civiles armados se levantaron para defender a su comunidad de las extorsiones, los secuestros y el robo de mujeres que perpetraban los Caballeros Templarios. A causa de la situación de esclavitud en la que los Caballeros Templarios mantenían a la comunidad de La Ruana, pueblo de Felipe Carrillo Puerto, un limonero llamado Hipólito Mora Chávez convocó a una reunión a los locales, para tratar el tema, invitándolos a levantarse en armas contra el crimen organizado. El mismo día en la comunidad de Tepacaltepec otro grupo liderado por José Manuel Mireles se armó en contra de los carteles, naciendo ese día las Autodefensas. Simultáneamente Buenavista Tomatlán se levantó, estos tenían de líder a Luis Antonio Torres Gónzalez se formaron grupos de civiles armados decididos a enfrentarse a los Caballeros Templarios para detener la expoliación de la que eran víctimas miles de pobladores. Se llamaron a sí mismos Grupos de Autodefensa, aunque también se denominan Guardias Comunitarias Según su propia justificación, recurren a las armas en defensa propia, cansados de los crímenes y abusos de los Templarios y de la inacción o complicidad de los gobiernos.
La noche del 26 de septiembre de 2014 un grupo de normalistas secuestraron varios camiones con el fin de utilizarlos para viajar a la Ciudad de México y participar en la marcha del 2 de octubre. La policía de Iguala los interceptó a sangre y fuego, sin importar que los estudiantes no estuvieran armados; seis jóvenes murieron en los enfrentamientos, 25 resultaron heridos, algunos lograron huir y 43 estudiantes fueron detenidos por la policía municipal que los entregó a la policía del municipio vecino de Cocula y estos a su vez los entregaron a miembros del Cártel de Guerreros Unidos. Todo ocurrió la noche del 26 al 27 de septiembre y desde entonces no se volvió a saber de ellos.
El hecho también demostró que los partidos políticos, apoyaban candidaturas de gente de la que no sabían nada. Abarca llegó a la presidencia municipal de Iguala con el apoyo del PRD. El gobierno del estado demostró su incapacidad para llevar una investigación confiable, y además pesaba sobre el gobernador, Ángel Aguirre, la sospecha de tener también relaciones con el crimen organizado.
el 4 de octubre la Procuraduría General de la República, a cargo de Jesús Murillo Karam, atrajo el caso y se puso al frente de las investigaciones. Durante las investigaciones se encontraron decenas de fosas comunes y clandestinas en Guerrero que no tenían relación alguna con el caso de los 43; el macabro descubrimiento horrorizó y enardeció aún más a la sociedad.
El 7 de noviembre de 2014 el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, dio una conferencia de prensa en la que informó de los avances en la investigación y dejó entrever que los 43 normalistas podían estar muertos.
El 9 de noviembre, al término de una de las manifestaciones, un grupo de anarcos encapuchados le prendieron fuego a la puerta central del Palacio Nacional, pero la fuerza pública logró controlarlos, sofocar el fuego y evitar mayores daños.
La manifestación del 20 de noviembre fue la más concurrida desde el inicio del conflicto; la sociedad civil se volcó a las calles de la Ciudad de México y de varias capitales del país. Decenas de miles de personas se unieron en una marcha cívica: estudiantes, maestros, sindicatos, intelectuales, periodistas, escritores, actores, organizaciones no gubernamentales, civiles sin filiación política.
Había un reclamo legítimo: justicia. Pero las consignas directas contra Peña Nieto tenían otro origen: el regreso del PRI, de las viejas formas; la indiferencia de su gobierno; la impunidad y la corrupción persistentes lo hacían responsable de Ayotzinapa frente a la sociedad.
El más grave fue el caso de Tlatlaya, en el Estado de México —30 de junio del 2014—, cuando, luego de un enfrentamiento con gente armada, soldados del ejército fusilaron a los criminales que se habían rendido. Por eso, se habló del “Estado criminal” y de la “responsabilidad del Estado”.
La indignación llegó a su punto máximo gracias a dos frases que dejó para la posteridad el procurador Jesús Murillo Karam, expresadas durante sus informes sobre Ayotzinapa. “Ya me cansé”, expresión que utilizó fuera del micrófono para indicarle a su asistente que ya no quería responder ninguna otra pregunta. Y la otra, con la que se voló la barda, fue presentar las conclusiones de la investigación de la PGR sobre lo ocurrido en Ayotzinapa y como la “verdad histórica” (enero de 2015).
Desde finales de octubre de 2014 el gobierno mexicano había aceptado la asistencia técnica internacional para ayudar a esclarecer lo sucedido en Ayotzinapa. Así, México abrió las puertas al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) que investigaba a la par de la PGR; semanas después de que Murillo Karam presentó su verdad histórica, el GIEI presentó sus conclusiones y descalificó buena parte de la investigación de la PGR.
El de noviembre de 2014 una investigación periodística dio a conocer que el presidente Peña Nieto tenía una casa de 86 millones de pesos, ubicada en Lomas de Chapultepec. La propiedad se conoció a través de la revista Hola!, que meses antes había publicado una entrevista con Angélica Rivera, esposa del presidente, titulada: “La primera dama en la intimidad”. A los periodistas Rafael Cabrera, Daniel Lizárraga, Irving Huerta y Sebastián Barragán poco les interesó que Angélica Rivera compartía acerca de su vida cotidiana desde la llegada de su marido al poder, pero prestaron atención a la locación donde se realizó la entrevista: la casa que alcanzaría fama mundial tiempo después. Y empezaron a investigar.
La casa había sido construida por la empresa HIGA, que por pura casualidad ganó la licitación para construir el tren México-Querétaro Pero eso no era todo: HIGA, además, fue una de las empresas que recibió más contratos para obra pública en el Estado de México durante la gubernatura de Peña Nieto. La propiedad no estaba a nombre del presidente ni de su esposa; seguía a nombre de HIGA. Desatado el escándalo, el vocero del gobierno dijo que la Casa Blanca era propiedad de Angélica Rivera y que la estaba pagando, pero lo cierto es que ninguna explicación convenció a nadie. Cuando el presidente y su esposa regresaron de la gira por China, realizada en noviembre, el presidente decidió colocar a su esposa en la piedra de los sacrificios para que diera las explicaciones personalmente. La primera dama grabó un video y regañó a los mexicanos por ser muy mal pensados y poner en duda su honorabilidad. Aclaró que la propiedad era suya, que la estaba comprando con los ahorros de toda su vida, con dinero ganado con el sudor de su frente luego de 25 años de trabajar en Televisa. 
Para demostrar que todo era bien transparente, el presidente Peña Nieto nombró a su amigo Virgilio Andrade secretario de la Función Pública y le encargó encabezar una investigación para saber si hubo conflicto de interés en el asunto de la Casa Blanca, y también en el de una casa en Malinalco propiedad del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, que andaba en el mismo tenor.
Cuando se fugó en 2001 se dijo que lo había hecho escondido en un carro de lavandería; otras versiones contaban que disfrazado de policía cruzó por la entrada principal. Así era el Chapo Guzmán; esas eran sus cartas credenciales cuando el gobierno de Peña Nieto anunció su captura en febrero de 2014. Fue un momento de fiesta y algarabía para el gobierno; hasta el expresidente Calderón felicitó al presidente Peña Nieto por la captura del Chapo.
Su captura no pudo llegar en mejor momento: las reformas avanzaban en el Congreso y todo parecía salirle bien. Incluso, El Deforma.com hizo mofa de que todo girara alrededor de las reformas y se lanzó una gran puntada con una nota que decía: “Reforma energética fue clave en la captura del Chapo: EPN. Explican que gracias a esta Reforma la policía está en mejor forma, los gastos de viáticos disminuyeron y todo fue más fácil”.
El domingo 12 de julio de 2015 los mexicanos se despertaron con la noticia de que el Chapo Guzmán se había fugado del penal de súper alta seguridad del Altiplano alrededor de las 9 de la noche del día anterior. Además, lo había hecho como en las películas, a la vieja usanza, a través de un túnel que mandó cavar durante meses.
El tiempo demostró que la mayoría de las prisiones del país están bajo control, no del gobierno, sino del crimen organizado. Los capos capturados continúan haciendo de las suyas desde prisión; las extorsiones telefónicas y los secuestros se organizan desde el interior. Los jefes viven como reyes.
si la fuga del Chapo era una forma de exponerlo, entonces bienvenida. No faltaron, por supuesto, las teorías de la conspiración más absurdas. “El Chapo salió a pie por la puerta, no usó el túnel”. “El gobierno lo dejó salir para luego recapturarlo y así alzarse el cuello”. “Nunca estuvo preso, todo era una pantalla”. “Peña Nieto lo soltó porque está coludido con el narcotráfico”. La recaptura del Chapo en enero de 2016 siguió un derrotero parecido; independientemente de la euforia desmedida que mostró el gobierno por el hecho, dejando de lado la criticadísima y excesiva frase de Peña Nieto: “Misión cumplida”.
Al iniciar 2015 el gobierno atravesaba la peor crisis de credibilidad, no solo del sexenio, sino de la historia reciente. Todos los vicios que se encontraban en las entrañas de la vida política mexicana desde la segunda mitad del siglo XX salieron a la luz de golpe y porrazo a través de los distintos escándalos que no solo involucraban al presidente, sino a los gobernadores, presidentes municipales, diputados, senadores, partidos políticos.
Durante meses la renuncia del presidente estuvo en boca de todos; se convirtió en una exigencia para unos; para otros resultaba absurda pues su salida del poder no cambiaría las cosas porque todo el sistema estaba podrido. Aun así, las protestas, los reclamos, las manifestaciones, todo terminaba en última instancia señalando al presidente como el gran responsable.
El enojo de la sociedad está plenamente justificado: el país lleva décadas estancado en la corrupción y la impunidad ; el resentimiento social afloró por todas partes; ya no hubo nada que hiciera el gobierno que pudiera ser sometido a una crítica justa o al reconocimiento de haber hecho una buena labor. Cualquier propuesta, cualquier declaración, cualquier anuncio oficial son despreciados. Nada que diga el gobierno es digno de credibilidad.
Las redes sociales le han declarado la guerra al gobierno; insultos de todo tipo en contra del presidente, contra los secretarios, contra gobernadores y legisladores; recriminaciones, acusaciones, rumores sin fundamento; burlas, convocatorias a manifestaciones, firma de peticiones. Cualquier persona ajena al país que se acerque a Twitter para comprender el México actual podría pensar, sin temor a equivocarse, que un estallido social está próximo. Pero el activismo de sillón y de café está muy lejos de la realidad del país; el activismo en 140 caracteres ha demostrado que no tiene que ver con la responsabilidad cívica y la participación ciudadana.
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